No queremos que perdáis el tiempo: si esperáis leer una yincana acerca de cómo recorrer Barcelona como si de un parque de atracciones se tratase, este no es vuestro post. Lo que os traemos es una combinación de turismo, callejeo y costumbrismo que, con los meneos adecuados en la coctelera de vuestro viaje, pueden devenir en una experiencia rica, amena y sin demasiado estrés para catar Barcelona y que os llevéis una idea aproximada de cómo respira una de las capitales del turismo mundial.

Por supuesto que la ubicación de vuestro alojamiento o el de la estación/aeropuerto al que lleguéis es un condicionante que redefine la ruta. También la época o el día en el que vayáis. Adáptalo a vuestros gustos, localizaciones o a los eventos que se produzcan en la ciudad. 

Hemos omitido algunas visitas imprescindibles, como la Sagrada Familia, porque en un espacio de tiempo tan reducido invertiría demasiado en desplazamientos, colas y en la propia visita.

El día en Barcelona comienza con una visita al Park Güell, en el barrio de Gracia. Este espacio modernista y fantasioso fue diseñado por Antonio Gaudí, uno de los padres de la ciudad. Es uno de los símbolos de Barcelona y tiene multitud de rincones de alto valor arquitectónico. Uno de ellos, quizá el más demandado para fotografías y stories, es la escalinata del dragón. Esta particular escalera de piedra impresiona de cerca y constituye una de las atracciones monumentales al aire libre más pintorescas de toda España. 

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Si queréis evitar colas de turistas en la escalinata del dragón o en cualquier otro espacio del Park Güell, nuestro consejo es que vayáis lo antes posible. El parque abre a las ocho de la mañana, con lo que cuanto antes estéis allí mejor. La entrada cuesta 10€ por persona, con descuentos para vecinos y para niños. 

Incluye el acceso a la mayor parte de las estancias del Park Güell y a un autobús lanzadera desde la parada de metro Alfons X (L4) hasta la entrada del recinto. La Casa-Museo de Gaudí, por ejemplo, no es visible con la entrada al parque.

La visita llevará entre una hora y media y dos horas si queréis tomároslo con calma para saborear cada rincón y fotografiar los coloridos bancos, columnas y escalinatas que encontraréis a vuestro paso. Si llegáis a las nueve de la mañana, puede que a las once ya estéis fuera del parque, de camino al refugio antiaéreo de la Guerra Civil

Os aconsejamos que paréis por el barrio de Gràcia para tomar un tentempié. Si realizáis la visita en agosto, puede que coincidáis con las fiestas del barrio. Tienen una programación riquísima de actividades, mercadillos y conciertos. Las calles se decoran con esmero y la gente se agolpa en cada vía para tomar algo. La distancia entre el Park Güell y el refugio, en el barrio del Carmel, es de unos 15 minutos a pie.

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Os recomendamos el refugio antiaéreo por dos motivos: en primer lugar, se trata de una visita gratuita en la que se ha musealizado con mucho mimo un lugar que explica parcialmente la historia de la ciudad y de España. En ese sentido, el MUHBA Turó de la Rovira desarrolla una gran labor divulgativa, de interés para los barceloneses y para cualquier visitante. El segundo motivo para venir hasta aquí es el de las vistas. Los trabajos arquitectónicos para excavar y restaurar el espacio antiaéreo fueron ligados a los de recuperar el auténtico mirador de la ciudad. Desde aquí tenéis una de las mejores vistas de toda Barcelona. Quizá la mejor.

Después de ver Barcelona con una perspectiva única y de visitar dos de los espacios musealizados más curiosos e interesantes de toda la ciudad condal, lo lógico es que queráis descansar un poco y comer algo. Cerca del refugio, a unos 5 minutos a pie, está el restaurante italiano Il Giardinetto di Gracia. Si venís por aquí es nuestra opción. Por un precio razonable, ofertan unas riquísimas pizzas que os trasladarán a los sabores más italianos. El restaurante es muy auténtico y tiene un jardín interior. Bueno, bonito y más o menos barato… ¡Esto es Barcelona!

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La sobremesa podéis trasladarla a la pintoresca Plaça del Sol de Gracia, a unos 5 minutos a pie del Giardinetto. Ahí tenéis varios lugares en los que tomar un café o un cóctel. Si la cosa se alarga hasta media tarde, veréis cómo se anima la plaza. Una opción es bajar dando un paseo hasta la Casa Vicens, también de Gaudí, a unos 10 minutos a pie de la Plaça del Sol. Este edificio es uno de los más impresionantes de Barcelona, pero no es el más concurrido. La entrada cuesta 16 euros, pero si tenéis un presupuesto ajustado basta con contemplarla desde fuera. La experiencia no es la misma, pero merece la pena dedicarle unos minutos. 

Desde la Casa Vicens nos trasladamos hacia el centro histórico de la ciudad. A apenas 250 metros está la parada de metro Fontana (L3) que podéis coger en dirección a la Zona Universitaria para bajar en Liceu. También tenéis opción en autobús (hay varias paradas cerca de la Casa Vicens). 

Una vez en Liceu, nuestra recomendación es callejear y perderse por el Raval, tal vez visitando alguna de las tiendas alternativas que os encontraréis por el camino, su legendaria librería La Central del Raval o bien pasar por el Palau Güell, otro de los edificios de la ciudad diseñados por Antonio Gaudí.

Una vez entrada la noche, completaremos un día tan intenso con una cena que culmine como se merece nuestra visita de un día a Barcelona. Os proponemos dos opciones: para bolsillos más potentes os recomendamos el mexicano Oaxaca. En el barrio del Born está una de las joyas de la ciudad. Su guacamole preparado en vivo o su cochinita pibil son algunos de los imprescindibles del lugar. Eso sí, no esperéis comer por menos de 20-25 euros por persona. Si queréis algo más barato, el Mosquito puede funcionar. A unos diez minutos del Oaxaca, también en el Born, este asiático tiene una carta rica, contundente y a un buen precio. Destaca su amplia carta de cervezas, con protagonismo para las de importación.

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Antes de marcharos, no olvidéis dar un paseo por el barrio Gótico y deleitaros con la basílica Santa María del Mar, también conocida como la Catedral del Mar gracias a la novela homónima de Ildefonso Falcones. Eso sí, que su nombre no te confunda: no es una catedral. Esta joya del gótico es un lugar idóneo para cerrar una intensa jornada por Barcelona. 

Es imposible ver una ciudad en un día, pero si vamos a intentarlo que sea sin muchos agobios. Tratemos de disfrutar de la belleza de cada rincón. Maximizar cada momento es una cuestión de actitud, cultura y respeto por el lugar y para eso no es necesario gastar mucho dinero. Al fin y al cabo, viajamos por placer. Disfrutemos del camino.