Más de 1 400 millones de personas viajaron a un país extranjero en 2018, según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Imagina por un momento cada uno de esos viajes: entradas, billetes de avión, comida callejera y algún que otro capricho. Recorrer el mundo se ha vuelto un hobbie cada vez más habitual que tiene un duro impacto medioambiental. 

Viajeros responsables, ¿una utopía?

Es muy difícil reducir el número de escapadas, en especial, cuando miramos casi a diario en qué fechas cae el próximo puente para salir de nuestra rutina. No somos los únicos, y se representa en cifras: esta actividad representa actualmente el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Aunque ya empezamos a ver movimientos que auguran cambios en la forma de desplazarnos – como los  “antivuelos, que buscan formas menos contaminantes de llegar a su lugar de destino – hay pequeños cambios de hábitos que puede augurar un viaje un poco más sostenible.

No se trata de unirnos a un movimiento zero waste, ni obsesionarnos con no generar basura, simplemente aplicar un nuevo estilo de vida que nos permita estar en sintonía con nuestro planeta y darle un poco más de cariño si queremos seguir conociéndolo. 

Plastic scaled - ¿Es posible viajar sin hacerle daño al planeta?Ahí van nuestros trucos:

Usa botellas reutilizables

Nada más entrar al aeropuerto encuentras un cartel de ‘Prohibido introducir líquidos con capacidad superior de 100 ml’, pero este reglamento no impide llevar una botella vacía. Llévala encima y rellénala en cuanto pases el control de seguridad, podrás utilizarla durante todo el vuelo.

Nosotros, que vivimos en la costa mediterránea, estamos mal acostumbrados a utilizar agua embotellada para todo (el agua que sale del grifo sabe fatal y es muy dura), entonces nos ha costado acostumbrarnos a beber del grifo cuando salimos fuera, pero es mucho más cómodo y económico. Ten a mano una botella de cristal, acero inoxidable o plástico duro. Ésta podrás rellenarla en el hotel y llevarla todo el día contigo. Además, en la mayoría de ciudades europea podrás encontrar fuentes donde rellenarlas. 

Dentro de los bares olvídate también de pedir agua embotellada y acostúmbrate a pedir ‘tap water’. Te traerán una jarra de agua del grifo completamente gratis. Te puede parecer raro, pero en Europa es de lo más habitual.

Cuando estamos fuera de casa tendemos a comer más en la calle, sobre todo cuando queremos ver muchas atracciones turísticas y contamos con un tiempo limitado. En Londres es muy normal acabar comiendo o cenando en un mercado callejero, y de Roma no vas a irte sin probar un gelato mientras paseas por el Trastevere. Para ello, solemos tirar de cubiertos de plástico de un solo uso y una cantidad insensata de servilletas de papel. 

Una opción muy sencilla es llevar en el bolso unos cubiertos reutilizables de bambú (puedes subirlos al avión sin problemas). Suelen venir en su bolsita con cuchara, tenedor, cuchillo, pajita y limpiador, todo de bambú, un material resistente y que crece muy rápido, alcanzando en dos años hasta los 15 metros de altura. No olvides echarte un par de servilletas de tela que te pueden salvar de muchos apuros, por ejemplo, para envolver tu bocadillo o sentarte en el césped si eres un poco escrupuloso.

P.D: Si las pajitas de bambú no te convencen, puedes encontrar otras opciones. Entre todas las variedades, las que más nos convencen son las pajitas de acero inoxidable. Es tan sencillo como sacarla cuando vayas a pedir tu bebida y evitar ese gasto inútil.

Es cierto que esta forma de comer genera bastantes residuos (aunque también suele ser la más rápida y económica cuando estamos de viaje), por lo que si es tu opción) pregunta si tienen envases que sean de cartón y evita el plástico. La mejor opción es siempre llevar tu propio táper, aunque entendemos que no es la más cómoda.  

Productos de higiene: ¿utilizamos los del hotel o nos los llevamos de casa?

Seguro que, entre los cajones del baño, tienes escondidos algún bote de gel y champús en formato pequeño recogidos del último hotel en el que estuviste. Reutilízalos y deja tranquilos los del hotel, suelen ser plástico sobre plástico. Para este punto no tienes excusa, ya sabías que tendrías que ducharte durante esos días, así que vete preparado. Si empleas productos en formato sólido, sin problema, no tendrás ninguna pega por el tamaño 😉

Por último, e imprescindible, lleva una bolsa de tela contigo. No pesa, y nunca sabes cuando la vas a necesitar. Tus souvenirs y recuerdos de la ciudad no tienen porqué venir cargados en una bolsita de plástico.

Va más allá de llevar tus propios productos

Antes de viajar a ese lugar infórmate sobre el sistema de reciclaje del país. Hace como se hacía noticia que el metro de Roma cambiaba botellas de plástico usadas por billetes de transporte. Cada vez son más las ciudades que están aplicando estas medidas, por ejemplo, en los supermercados suecos también cuentan con una máquina que intercambia tus latas y botellas de plástico por un ticket que puedes emplear en tu compra. ¡Todos ganamos! 

Y lo más importante de todo: Recuerda a dónde vas. Aprende a valorar su cultura, a comprar en sus comercios locales y a probar los productos propios de la zona. Olvídate de tomarte un zumo de naranja o un smoothie en un país nórdico.

¿Tenéis algún truco propio para tratar de generar menos residuos cuando viajas? ¡Queremos saberlo! Déjalo en comentarios, entre todos podemos ayudarnos.