Cuando pensamos en los países nórdicos se nos vienen a la mente esos señores altos y estilosos que parecen estar a años luz de nosotros. Por eso, cuando unos amigos nos dieron la oportunidad de ir a visitar Estocolmo, no lo dudamos. La respuesta fue sí. Queríamos conocer más del país impulsor de los #FridaysForFuture, con Greta Thunberg a la cabeza, y este podía ser una buen momento para ver otras formas de vivir más sostenibles con el medio ambiente. O eso pensábamos.

La experiencia no defraudó. Estocolmo está formada por catorce islas, con claras diferencias entre ellas. La posibilidad de pasar de una a otra por alguno de sus 57 puentes te hace sentir en viaje constante entre la misma ciudad. Del ostentoso Östermalm, con reminiscencias del inglés Chelsea; puedes pasar al verde de Djurgården y de ahí a una auténtica ciudad medieval, sacada de un cuento, como es Gamla Stan.

Si vas a visitar Estocolmo debes saber ante todo que no es una ciudad barata, por lo que si cuentas con un presupuesto ajustado deberás seleccionar bien las atracciones y los caprichos que te vas a dar. Por ejemplo, hay museos para todos los gustos, dedicados a  ABBA o a la autora de Pippi Calzaslargas, pero esto no se puede considerar un “imprescindible”.

Si vas a pasar unos días por la capital sueca, aquí están los sitios que consideramos que no te puedes perder:

1. Pasear por Gamla Stan. En esta isla se inició la ciudad, y vaya si se nota. Suelos empedrados, calles estrechas, cuestas y casitas de colores. La auténtica esencia de Estocolmo está aquí. No podrás salir del barrio sin pasar por Stortorget, la plaza más antigua de la ciudad, rodeada de los edificios más icónicos del país. En esta misma plaza puedes encontrar también el Museo Nobel.

2. Probar sus platos típicos: salmón y albóndigas para todos los gustos. Ikea se ha encargado de expandir por el mundo la cultura del autoservicio y gastronomía sueca, con sus más y menos. Las albóndigas de este país son de otro nivel. No pierdas la oportunidad de entrar a un bar tradicional para probar sus platos más conocidos.

Nuestra recomendación es el Stockholm Gastabud, un pequeño local que suele llamar la atención por la cola de la puerta. Si acudes pronto, podrás sentarte en una de las pocas mesas que tienen y disfrutar de los auténticos sabores suecos. Nosotros probamos el salmón frito (sería su versión de ‘a la plancha’, pero con mantequilla); las köttbullar o albóndigas suecas, acompañadas de pepinillos con un toque agridulce y arándanos rojos. Estaban tremendas. Como entrante pedimos arenque, un pescado tradicional de esta zona, en su distintas versiones.

Otro lugar para disfrutar de la comida en el mercado de Saluhall, actualmente desviado a otro edificio, mientras se reforma. Podrás encontrar todo tipo de comida local, para distintos bolsillos: carne de reno, guisos y mucho salmón.

3. Parar a hacer un fika. La gastronomía local nos pierde. Los suecos no destacan por su sociabilidad Es por ello que se han inventado el concepto fika, un pequeño almuerzo o merienda conformado por un café y algo dulce que los obliga a salir del trabajo y relacionarse. 

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Kanelbullen

Es la excusa perfecta para probar el kanelbullen, un rollo de canela que, de verdad, es una delicia de los dioses. No nos hacemos una idea de cuántos llegamos a tomar durante nuestros días por allí. Un sitio tradicional es la pastelería Vete-Katten, que suele tener ofertas en el desayuno.

 

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Desayuno en Vete-Katten

4. Visita alguno de los museos de Djurgården. Esta isla de Estocolmo destaca por ser el área con más museos de la ciudad. Cuenta únicamente con 800 habitantes en una superficie de 279 hectáreas. Allí puedes encontrar, entre otros, el Nordiska Museet  (por lo que nos dijeron no muy fiel a la historia vikinga) o el parque de atracciones más antiguo de Suecia, el Gröna Lund, de 1883.

Dentro de la isla, visitamos dos de los museos más recomendados:

Skansen. Una recreación al aire libre de cómo vivía la población sueca hace varios siglos. Puedes encontrar iglesias, molinos, granjas, casas o tiendas de artesanía. Merece mucho la pena pasar un rato por aquí, adentrarte en otra época y disfrutar de sus espacios. Además, podrás ver cómo fabrican cristalería, cerámica o panadería y, por supuesto, llevártela a casa.

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Vistas de Skansen

Completa su oferta un proyecto de conservación local e internacional que permite ver animales con gran importancia en el país como lobos, ciervos, renos o linces. 

El museo está abierto de 10 h a 16 h y cuesta 140 coronas (14 € aprox.). ¡Ojo al dato! Comer dentro del parque puede salir más barato que comer en la ciudad, aunque parezca increíble.

Museo Vasa. Es el museo más conocido de Estocolmo. En este se encuentra un impresionante navío del siglo XVII que tuvo la mala suerte de naufragar nada más salir de puerto. Los 333 años que pasó estancado en el fondo del mar es lo que ha permitido que hoy podamos verlo al completo, pero solo por fuera.

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Museo Vasa

La entrada cuesta unos 15 € por persona y os recomendamos que antes de empezar la visita entréis a ver el mediometraje en el que os explican qué sucedió realmente con el barco. Hay diferentes horarios y en muchísimos idiomas, entre ellos el castellano.

En nuestra opinión, nos resultó un tanto caro, pero como todo en la ciudad.

4. Recorre el metro de Estocolmo. ¿Puede que sea uno de los más bonitos del mundo? Cada estación está ambientada totalmente diferente. Unas cuentan con exposiciones, otras con restos arqueológicos y todas tienen algo que las hacen diferentes. Este país cuida los detalles.

5. Pasea por Södermalm. El antiguo barrio obrero se ha reconvertido en la zona hipster por excelencia y se nota. Lleno de bares, terrazas, librerías, tiendas alternativas y carreteras cortadas únicamente para bicicletas. Una buena zona para pasear por la tarde, tomar algo y olvidarte de que estás haciendo turismo.

6. Sal del centro de Estocolmo. Coge un barco y adéntrate en alguna de las islas que forman este archipiélago. Fjäderholmarna es una de las más especiales. Rodeada de naturaleza y formada por las típicas casas rojas, propias de la clase obrera. Pasea por su muelle, visita sus tiendas de artesanía y su fábrica de chocolate. Una buena opción es llevarte tu picnic. Tienes muchos sitios para sentarte a picar algo.

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Vistas de la isla

7. Busca un lugar alto para tener una perspectiva de la ciudad. Actualmente, los alrededores el ascensor Katarina están en obras, por lo que subir se limita a ver solo parte de la ciudad. Algunas alternativas son el propio Skansen, que tiene vistas a la zona del muelle bastante bonitas.

Otra opción es comer un día en el restaurante vegetariano Hermans en el distrito de Sodermalm, con vistas a todo Estocolmo y un buffet libre riquísimo por 14 €, incluyendo café. Aprovecha para disfrutar de su enorme terraza con vistas a Gamla Stan. Cuenta también con una zona de hamacas, por si el cansancio te puede.

Como última opción, disfruta uno de los rooftops de la ciudad. Nosotros subimos a Takpark by Urban Deli, una terraza en el noveno piso situada en el centro de Estocolmo. Puedes disfrutar de unas vistas del skyline en versión 360 mientras tomas algo. Subir es gratuito, por lo que de buscar una buena compañía ya te encargas tú.